22 diciembre, 2018

Guía para visitar La Última Cena de Leonardo da Vinci, un imprescindible en Milán

Si hay una visita que no puede faltar en un viaje a Milán (a parte del Duomo, por su puesto), esa es la pintura más famosa de Leonardo da Vinci: "La Última Cena", también conocida con el nombre de "Il Cenacolo Vinciano".

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Es difícil explicar con palabras lo que se siente al estar frente a una de las obras de arte más famosas del mundo, pero basta con decir que es una de esas visitas que no se olvidan y que, si te gusta el arte, te aseguro que te llegará incluso a emocionar.

El lugar además está envuelto en una atmósfera especial, y es inevitable no pensar que hace cientos de años, el genio Leonardo da Vinci estuvo allí mismo creando la que sería unas sus grandes obras maestras.


Un poquito de historia



Hasta mediados del siglo XV, el lugar donde se encuentra actualmente la Iglesia de Grazie, no era más que un terreno sin cultivar, propiedad del General Gaspare Vimercati, que estaba al servicio del Duque de Milán, y dónde entrenaba sus tropas.
 
Aquí estaban los establos y también había una pequeña capilla con una imagen de la Virgen, erigida por Vimercati.
 
En esa época un grupo de frailes dominicos llegaron a Milán con la intención de fundar un nuevo convento, y recibieron como regalo de Vimercati el terreno para la construcción del edificio, con la única condición de que el fresco de la Virgen no fuera destruido.
 
Naturalmente, cumplieron su palabra, comenzando la edificación de la iglesia alrededor de la capilla de la Madonna delle Grazie, que aún hoy conserva la imagen sagrada. Los trabajos se iniciaron en 1463 por unos arquitectos italianos de la época del Renacimiento: los Solari.

Cuando Francesco I Sforza murió en 1466, su hijo Galeazzo Maria heredó el Ducado de Milán, pero a los diez años de su reinado, fue asesinado, y el título paso a manos de su hijo de 7 años, que a pesar de la ayuda de su madre, no conseguiría nunca llegar al poder, y sería en 1494, su hermano Ludovico Maria Sforza, conocido como "el moro", quién se convirtió en Señor de Milán.

El nuevo Duque quería convertir Milán en una ciudad moderna, digna del Renacimiento, y comenzó a atraer a arquitectos, académicos y artistas de toda Italia. El castillo Sforzesco se encontraba muy cerca de la iglesia gótica de Santa Maria delle Grazie, la cual acabó convirtiendo en su mausoleo, pero para ello era necesario una renovación y algunos retoques.

El arquitecto encargado de la remodelación de la iglesia fue el famoso Bramante da Urbino, y al mismo tiempo, Leonardo da Vinci, al servicio de Ludovico el Moro, fue el encargado de pintar en una pared del refectorio (comedor) de los frailes la pintura de la Última Cena, una de las obras más famosas del mundo.



La obra



Fue en 1494 cuando Leonardo comenzó a pintar "La última Cena" en el refectorio del convento de los dominicos, y para él supuso todo un reto, ya que nunca había pintado en una pared. Para realizar su obra usó una técnica experimental, tal y como se ha podido comprobar en análisis recientes: preparó la pared y la trató como si fuera una tabla de madera. 

Da Vinci no quiso recurrir a la técnica tradicional que se utilizaba para realizar frescos, probablemente por dos razones: la sincronización de la ejecución y la limitada variedad de colores disponibles. El fresco requiere un enfoque rápido en su realización (el color debe ser aplicado cuando el yeso está todavía húmedo), y Leonardo no pintaba a diario, sino en fases alternas o cuando le llegaba la inspiración; además en esos momentos también estaba trabajando en el castillo Sforzesco, por lo que finalmente optó por la técnica del temple.

La técnica elegida por da Vinci fue un fracaso, ya que en la iglesia había mucha humedad, y pronto se empezaron a estropear y difuminar los colores de la pintura. Los primeros intentos de restauración se pueden documentar en el siglo XVIII, y también hay que sumar los daños sufridos en la iglesia cuando en 1796 se alojaron allí los soldados de Napoleón. En la Segunda Guerra Mundial, durante la noche del 15 de agosto de 1943, los americanos bombardearon Milán, y la iglesia quedó destruida, salvándose milagrosamente las pinturas de la Última cena y la crucifixión.

La última gran restauración de la pintura se llevó a cabo entre 1997 y 1999.

La escena capturada por da Vinci muestra el momento en que Cristo sorprende a sus discípulos con la revelación de que uno de ellos (Judas) lo va a traicionar. La escena representada por el artista es de lo más natural posible, ya que a través de la expresividad de sus gestos y gracias al movimiento de las manos, el pintor logró comunicar la confusión de los apóstoles ante el anuncio de la traición. Es importante observar la inmovilidad de las manos de Cristo, para mostrarle resignado ante tal hecho.

A Leonardo le gustaba observar a la gente en su día a día, en la calle y los mercados; de esta manera estudiaba las expresiones naturales de las personas, para luego poder plasmarlas en sus obras, porque sólo con los gestos de los personajes es posible entender y sentir lo que sucede en una escena.

En la Última Cena podemos comprobar que a través de la perspectiva, Leonardo da Vinci quiso crear una ilusión escénica utilizando profundidad, y consiguiendo así una mayor realidad y naturalidad, usando la figura de Jesús como punto focal. 

Actualmente estamos acostumbrados a la "realidad virtual" gracias al cine y los objetos 3D, pero en la época del Renacimiento la invención de la perspectiva fue un gran descubrimiento.

En el fresco de la Última cena, da Vinci también empleó el "trompe-l'œil", una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico (real o simulado) y la perspectiva, consiguiendo una "realidad intensificada" o "sustituyendo la realidad".

Cuando los frailes estaban en el refectorio comiendo, los que se encontraban más lejos del fresco (justo donde está la pintura de la crucifixión), podían tener la ilusión óptica de que las dos mesas donde estaban sentados se unían con la de la pintura mural, creando una especie de herradura. Desde esa distancia, la figura de Jesús se ve más pequeña y parece estar detrás de los apóstoles, cosa que cambia al acercarse, que parece la figura más grande.

Los apóstoles están representados en grupos de tres, un número bíblico muy importante, porque representa a la Santísima Trinidad:

➡️ El primero de la izquierda es Bartolomé. Lo vemos mientras pone sus manos sobre la mesa como si no entendiera lo que Jesús acaba de decir.

➡️ Junto a él está Santiago el menor. Fue el primer jefe de la Iglesia de Jerusalén; En la pintura parece buscar una respuesta a sus dudas entre los discursos de los otros apóstoles.

➡️ Andrés: era el hermano de Pedro y, antes de ser apóstol, fue discípulo de San Juan Bautista, primo de Jesús. Fue el primero en reconocer que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios. En la pintura, con sus manos casi parece decir: "¡No fui yo!".

➡️ Continuando hacia el centro, con piel más oscura, está Judas Iscariote, el traidor. No está separado de los otros Apóstoles, pero su desprendimiento es evidente porque, es el único de los Doce que no parece afectado en lo más mínimo por la noticia que les acabada de dar Jesús.

➡️ Inmediatamente junto a él está Pedro, el más importante de los apóstoles. Su verdadero nombre era Simón, pero Jesús había bautizado a Pedro porque se convertiría en" la piedra sobre la cual se levantará la Iglesia ". De hecho, Pedro fue el primer papa. En el cuadro parece pedirle explicaciones a Juan. La figura de Pedro sostiene una daga en su mano derecha.

➡️ Finalmente, junto a él y junto a Jesús está Juan, el más joven de todos los apóstoles, y uno de los cuatro evangelistas. Algunos piensan que puede ser María Magdalena, de la quién se dice que fue la compañera de Jesús.

➡️ Tomás: dudó mucho de la resurrección de Cristo.

➡️ Santiago el mayor, hermano de Juan. En la pintura extiende sus mano, pareciendo que no sabe qué decir.

➡️ Felipe: parece sentir miedo de saber quién es el traidor.

➡️ Mateo, también evangelista y vestido de azul. Era recaudador de impuestos

➡️ Judas Tadeo, no hay que confundirle con el traidor. Antes de ser apóstol, trabajó como agricultor.

➡️ Simón Zelote. Era el más viejo de los apóstoles y se tiene muy poca información de él.

Tras la última gran restauración de la pintura, los especialistas en historia del arte, han podido llegar a la conclusión de que la comida de la mesa que está reflejada en el fresco, no es el típico pan y vino, tan común en épocas antiguas y que durante siglos ha sido tan vital, incluso nombrada en tantas frases de la Biblia.

Por el contrario se trata de una cena con manjares exquisitos, donde aparecen restos de un auténtico plato de lujo de la época, y al parecer muy típica del Renacimiento italiano: anguila a la parrilla. Probablemente da Vinci quiso de esta manera homenajear y representar la comida digna de un Duque como Ludovico Sforza, quién le encomendó el trabajo.


En frente de la Última cena se encuentra una obra de Giovanni Donato da Montorfano: "La Crucifixión" de Jesús, representación que era muy común y una tradición en los comedores monásticos, pero que en este caso pasa algo desapercibida al encontrarse en frente de una de las obras maestras de Leonardo.


Dónde se encuentra



La obra más famosa de Leonardo da Vinci, la Última Cena, se encuentra en Milán, en el antiguo refectorio (comedor) del convento dominicano, adyacente a la iglesia de Santa Maria delle Grazie. Es una pintura mural de grandes dimensiones (8,80 metros de largo y 4,60 m. de alto), que fue ejecutada entre 1494 y 1498, y actualmente pertenece al Estado italiano.



Desde 1980 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y debido a la extrema fragilidad de su estado, solo se puede visitar en grupos de 25 o 30 personas, y durante un tiempo limitado: unos 15 minutos.
 
Las medidas de seguridad son extremas, y una vez se accede a la sala donde se encuentra el fresco, las puertas de cristal quedan totalmente selladas hasta el turno siguiente.
 
Una vez dentro, SÍ está permitido hacer fotos y vídeos sin flax, y aunque es algo que indudablemente harás, te aseguro que te costará dejar de contemplar la pintura, pues la perspectiva que creó Da Vinci en esta obra, hace que te sumerjas totalmente dentro de la escena y no podrás dejar de contemplar hasta el mínimo detalle.


Misterios y enigmas que rodean a la Última Cena 



La fama de esta pintura se ha incrementado notablemente en los últimos años, con la publicación en 2004 de la novela "El Código da Vinci", de Dan Brown, uno de los libros más vendidos en lo que llevamos de siglo. El libro gira en torno a la pintura de La Última Cena, donde el autor afirma que la figura de la derecha de Jesús (izquierda según se mira) no es en realidad el discípulo San Juan, sino una figura femenina. Si te fijas bien, el perfil de Jesús y el de Juan forman una M, y su teoría dice que el apóstol sería en realidad María Magdalena.


En el libro se expone una presunta conspiración del Opus Dei durante los años del cristianismo para encubrir la verdadera historia de Jesucristo, que se habría casado con María Magdalena y tenido descendientes, que luego pertenecieron a la dinastía merovingia en Francia.

Ésta y otras teorías no son invención de Brown, y ya habían sido defendidas anteriormente por algún que otro ensayista, como por ejemplo, Clive Prince y Lynn Picknett, en su libro "La Revelación Templaria".

También hay que señalar, que representar a los jóvenes con rasgos muy delicados era una práctica común de la época y en muchos cuadros, Juan tiene un aspecto femenino. Y aunque cada uno es libre de pensar y quedarse con la teoría que más le guste, lo que sí está claro, es que esta gran obra de arte ha despertado el interés de muchos investigadores, que buscan resolver los enigmas y misterios que la rodean.


Visitar la Última Cena



Para poder visitar "La Última Cena" de Leonardo da Vinci, es OBLIGATORIO RESERVAR con bastante antelación, y hay que tener en cuenta que los museos italianos suelen cerrar los lunes, como es el caso del Cenacolo, así que tienes que planificar bien tu visita a la ciudad:


Horario de visita: de Martes a domingo de 8.15 a 19.00 h (última admisión a las 18.45 h.). Cerrado todos los lunes y los días: 1 de enero, 1 de mayo, 25 de diciembre.

Lo primero que hay que hacer es ir a la taquilla, obligatoriamente 20 minutos antes de la visita, para canjear el resguardo de la reserva por los tickets, y allí mismo hay unas taquillas gratuitas donde puedes dejar las mochilas o bolsos grandes.

Dónde comprar las entradas: las entradas suelen salir a la venta con una antelación mínima de unos 2 meses, y conviene consultar la web con frecuencia, ya que ahí anuncian las fechas de preventa. En nuestro caso, las entradas para visitar la Última Cena a primeros de agosto 2.018, salieron a la venta el 9 de mayo. Puedes verlo y comprar entradas desde AQUÍ.

Si no consigues las entradas para la fecha de tu visita a Milán, puedes intentar contratar una visita guiada en español. El precio es más elevado, pero merece totalmente la pena.

Puedes reservar la visita guiada a La última cena desde AQUÍ, a ti te costará lo mismo, y así nos ayudas al mantenimiento del blog 😉.

Precios: las entradas cuestan 10,00 € (+ 2,00 € de tarifa por la reserva). 5 € (+ € 2,00), a los adultos de 18 a 25 años. Y menores de 18 gratis, aunque al tener que comprar con antelación online, te cobran 2 € en concepto de reserva.

Cómo llegar: para visitar la última cena, tendrás que ir hasta la Piazza Santa Maria delle Grazie número 2, en Corso Magenta en Milán, junto a la Iglesia del mismo nombre.

Puedes llegar cómodamente en el metro, y la parada más cercana es: Conciliazione (linea roja). También se puede ir en el Tranvía número 16: parada Corso Magenta - Santa Maria delle Grazie.



Aunque "La Última Cena" nos ha llegado algo dañada, sigue siendo una obra fundamental en la historia del arte, y te guste o no la pintura, es una visita totalmente imprescindible y que sólo por verla de cerca, ya merece la pena visitar la ciudad.

Y si te has quedado con ganas de más, estate muy atento al blog, porque próximamente publicaremos un post con lo más importante qué ver en la ciudad en uno o dos días.

Milán es además un excelente punto de partido para visitar el Lago di Como, otro de esos viajes que seguramente te robarán el corazón.


2 comentarios:

  1. Nosotros no pudimos visitarla porque compramos los vuelos un mes antes de viajar y entonces ya no quedaban entradas. Qué rabia me dio!

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  2. Una guía estupenda Marta!!! El día que visite Milán iré a ver la Última Cena así que me guardo tu post.
    Alicia

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Muchas gracias por comentar! Tu opinión es muy importante para mi